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sábado, 5 de junio de 2010

OTRO TRABAJO ¿Es necesario trabajar para vivir?

Análisis. Perspectivas del no-trabajo.

Los autores defienden que el capitalismo moderno traba e impulsa, a la vez, la autonomía de los tiempos de la reproducción y la vida.

La introducción de la ciencia en los talleres a finales del siglo XIX y comienzos del XX supuso el declive definitivo de los trabajadores de oficio hasta entonces empleados en la industria. La mecanización, fragmentación y estandarización de los procesos de trabajo que vinieron de la mano de la ciencia abrieron también las puertas al uso masivo en las fábricas de trabajadores sin ninguna experiencia previa en el trabajo industrial.

El acceso al consumo de bienes y servicios para cada vez más segmentos de la población (la reproducción y supervivencia de las sociedades, en definitiva) pasó a depender de la participación (propia o de otros miembros de la familia) en el trabajo asalariado. En consecuencia, el conjunto de las instituciones sociales fueron orientándose hacia la producción, mantenimiento, reproducción y formación de esa población de trabajadores: la "sociedad" debía ser capaz de "producir" (o "importar") asalariados en las cantidades y calidades que las empresas demandaban.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, esta gestión social de las poblaciones asalariadas fue adquiriendo una autonomía creciente con respecto a los tiempos y lugares en los que las personas trabajaban, la reposición de materiales y tecnologías o la circulación del capital financiero. Hoy, los asalariados modernos cesan su actividad laboral (se ponen enfermos, se quedan sin empleo, envejecen, disfrutan de un período de descanso) y, no obstante, siguen consumiendo. Los administradores públicos de los centros formativos proponen currículos que, sin embargo, sólo años después pueden presentar una utilidad práctica para las empresas. Los fondos socializados resultantes de las cotizaciones de los asalariados (seguros de desempleo, jubilación, enfermedad) pueden garantizarles en el futuro un poder de compra no sometido a los vaivenes de los mercados financieros. Las condiciones de vida de las poblaciones asalariadas parecen, pues, cada vez menos dependientes de las prestaciones laborales llevadas a cabo en un momento concreto.

Así pues, en nuestras sociedades, el tiempo de trabajo directamente implicado en la reproducción y mejora de nuestras condiciones de vida ha ido reduciéndose progresivamente conforme se incrementaba la automatización de los procesos productivos y, en general, la productividad del trabajo. Como consecuencia, se ha posibilitado un descenso del tiempo de trabajo humano que, en los países occidentales, se habría plasmado en diferentes fórmulas: reducción progresiva de la jornada laboral semanal, prohibición del trabajo infantil y ampliación de la escolarización obligatoria, institucionalización de la prestación por jubilación, instauración progresiva de las vacaciones remuneradas, etc. A todos estos dispositivos de reducción de los tiempos de trabajo humanos se añade otro de consecuencias menos amables: la extensión del desempleo (hoy, portada de todos los periódicos, aunque es un fenómeno consustancial a las sociedades basadas en el trabajo asalariado).

Precisamente en un contexto en el que el empleo se ha convertido en un objeto de deseo para buena parte de la población, parece difícil enarbolar la bandera del "no-trabajo como un horizontes socialmente posible, capaz de convertirse en el principio constitutivo de nuestras sociedades en lugar de actuar como una realidad restringida a determinadas etapas de nuestra vida, a ciertos segmentos de población o a minorías políticamente organizadas dispuestas a hacer del 'rechazo al trabajo' una apuesta política y vital mejor o peor formulada. El 'no-trabajo' parece constituir hoy un terreno abonado para los relatos de ciencia-ficción en los que especies alienígenas nos liberan de nuestras obligaciones laborales. Sin embargo, ¿debemos considerar el 'no-trabajo' como un cuerpo extraño a las sociedades actuales?

La historia del salariado parece inclinada a avanzar por los 'malos lados' y la reducción del tiempo de trabajo humano se expresa dramáticamente en términos de desempleo para unos y de intensificación y ampliación del tiempo de trabajo para otros (postergación de la edad de jubilación, ampliación de la jornada laboral, concentración del empleo en determinados países). Pero, al igual que la destrucción de los trabajadores de oficio posibilitó la extensión de las instituciones del salariado al conjunto de la población, dicha socialización ha hecho posible, sin pretenderlo, no sólo otros modos de distribución de la riqueza social, sino también una reducción real y aún más generalizada de los tiempos de trabajo humanos. La radicalización de esta tendencia no es pensable fuera de los dispositivos institucionales que realizan hoy la formación, el reciclaje, el mantenimiento y la reproducción ampliada de la población asalariada. Estos procesos se efectúan de manera cada vez más autónoma respecto de los tiempos de trabajo efectivos: mediante negociaciones (convenios), impuestos y cotizaciones que permiten distribuciones y repartos (parcialmente liberados así de los intercambios de valores equivalentes), en función de necesidades sociales y políticamente determinadas (de manera cada vez más descentralizada) par unos u otros colectivos. No obstante, esta producción y reproducción de la clase de los asalariados se realiza aún a espaldas de ella. La progresiva reapropiación, por su parte, de dichos mecanismos aceleraría el proceso de liberación definitiva de los tiempos de la vida de los del trabaja asalariado: no tenemos que esperar a que nos invadan los marcianos.

fuente: Jorge García López y Alberto Riesco Sanz, sociólogos - Diagonal, 27 de mayo de 2010, págs. 4-5

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jueves, 14 de enero de 2010

OTRO EMPLEO La crisis provoca el mayor aumento de la jornada laboral desde 1983

La recesión de 2009 no sólo está provocando efectos devastadores sobre el empleo -1,47 millones de puestos de trabajo destruidos en los últimos doce meses-, también en las condiciones laborales de quienes han conservado su empleo. Hasta el punto de que este año a punto de acabar se cerrará con un aumento de la jornada laboral desconocido desde 1983. En concreto, y según los datos de la Comisión Consultiva de Convenios Colectivos –un organismo dependiente del Ministerio de Trabajo-, la jornada laboral anual pactada entre empresarios y trabajadores se sitúa en 1.752,1 horas trabajadas. Es decir, 3,6 horas más que un año antes (datos hasta el pasado 30 de noviembre).

Lo relevante de la subida no es tanto el incremento, sino que rompe una clara tendencia descendente en el número de horas trabajadas iniciada a raíz de que el primer gobierno de Felipe González fijara un máximo legal de 40 horas semanales, y que significó en media una semana más de descanso laboral al año. Según datos de CCOO, en 1984 la jornada anual bajó en 47,2 horas respecto al año anterior. Desde entonces, en tan sólo cuatro ejercicios se había producido un incremento en el número de horas trabajadas, y desde luego en todos los casos en mucha menor cuantía que en 2009.


Durante el trienio inmediatamente posterior a la recesión de 1993 se registró un incremento del número de horas trabajadas que en ningún caso llegó a las 2,5 horas (1994), pero la recuperación económica acabó con ese repunte. Y lo mismo ocurrió en 2008, cuando al inicio de la crisis se produjo un ligerísimo incremento de menos de una hora en unos momentos en los que el ajuste se cebó con los trabajadores con contrato temporal. En 2009, como se ha dicho, se ha producido el mayor incremento desde 1983, lo que da idea de la intensidad de la crisis.

- Crisis y jornada laboral.

La relación entre número de horas trabajadas y coyuntura económica es incuestionable. En los años de bonanza, las empresas acceden a rebajar la jornada laboral, ya que los aumentos de plantilla permiten absober los incrementos de demanda. Por el contrario, en periodos de crisis ocurre todo lo contrario, aunque nunca con la virulencia actual. Y así se explica que desde el año 1983 –año en que entró en vigor la ley de las 40 horas- la jornada laboral media pactada en convenio se haya reducido en 93,1 horas anuales. O lo que es lo mismo, hoy un asalariado trabaja algo más de dos semanas menos que hace 26 años, lo que indica los avances sociales registrados durante el periodo.

La mejora, sin embargo, no se reparte de forma homogénea. Los trabajadores amparados con un convenio colectivo de empresa tienen una jornada laboral inferior a aquellos cuyas relaciones laborales se rigen por un convenio de ámbito superior (sectorial, provincial o estatal). Y la diferencia no es, desde luego, pequeña. Los primeros trabajan 1.698,5 horas anuales, es decir 59,1 horas menos que los segundos. O lo que es lo mismo, disfrutan de una semana y medio menos de trabajo al año.


La duración de la jornada laboral varía mucho, igualmente, en funciòn de la actividad. Y así, mientras que los convenios que regulan el comercio, la hostelería o el turismo recogen una jornada anual media de 1.792,16 horas, en la eneñanza, que se sitúa en el polo opuesto, se llega únicamente a las 1.605,92 horas al año. Es decir, que hay una diferencia de casi cinco semanas de trabajo entre una y otra actividad.

Lo que reflejan las estadísticas, en cualquier caso, es que la crisis no se está combatiendo reduciendo la jornada laboral para evitar despidos mediante el reparto de la carga de trabajo. Recientemente, Ramón Górriz, secretario de Acción Sindcal de CCOO, reclamó "un acuerdo interconfederal en la negociación colectiva que ligue la reducción del tiempo de trabajo con la reducción del salario". A su juicio, "es posible, en empresas en situación de crisis económica, plantear reducciones de jornada entre el 10% y el 70%, manteniendo el 70% del salario a los trabajadores en la reducción en el tiempo de jornada, evitando que se pierdan prestaciones por desempleo".

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martes, 24 de noviembre de 2009

OTRO EMPLEO Los desempleados que ya no salen en la foto

Las matemáticas que utiliza la Encuesta de Población Activa (EPA) dicen que el desempleo disminuyó en el tercer trimestre en 14.100 personas, hasta un total de 4.123.000 desempleados. Un buen dato que los expertos se apresuraron a aclarar, llamando la atención sobre el otro lado de la ecuación: se sigue destruyendo empleo pero, debido al desánimo que provoca llevar demasiados meses en el paro, el número de personas que busca trabajo ha empezado a caer en picado y eso la encuesta lo traduce en un número menor de desempleados.

Hay que interpretar la encuesta "con mucha cautela", explicó el director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos, Gregorio Izquierdo. Por un lado, "la destrucción de empleo tiene un componente estacional muy fuerte", lo que provoca una importante distorsión en el "tercer trimestre provocada por el sector servicios. Si se descuenta la estacionalidad, el nivel de destrucción de empleo no ha variado". Por otro lado, "aunque en apariencia se ha contenido la tasa de paro sobre población activa, puede deberse al efecto desánimo". El abandono de la búsqueda de trabajo influye en la EPA, que "no registra a esas personas como parados, aunque económicamente lo son". El pronóstico de Izquierdo es que "la tasa de paro seguirá al alza cuando el efecto estacional se haya perdido".

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domingo, 8 de noviembre de 2009

OTRA JUVENTUD Aumentan los jóvenes que deciden mejorar su formación

Una demanda formativa que necesita respuesta.

El deseo de los jóvenes de mejorar su formación en tiempos de crisis no debe caer en saco roto.

La crisis económica, con la consiguiente reducción de las expectativas laborales, está provocando que numerosos jóvenes opten por regresar a las aulas con el objetivo de completar su formación académica y mejorar su nivel de competitividad. Hay ciudades andaluzas en las que ya se está advirtiendo ese efecto, de manera singular en algunos centros como las Escuelas de Idiomas. El interés de los jóvenes por mejorar su formación pone de manifiesto que quizá no exista en este colectivo ese pasotismo del que a veces se habla, por cuanto son ellos quienes prefieren ampliar conocimientos a quedarse en casa a la espera de que finalice este período de recesión económica. Al mismo tiempo, se advierten las carencias que en materia formativa sigue teniendo la ciudad, a pesar de que en no pocas ocasiones se ha abogado por incrementar la oferta y, sobre todo, por ajustarla a las necesidades reales del mercado laboral.

Nunca serán suficientes las inversiones que se ejecuten en el ámbito educativo. Más aún si se tiene en cuenta que existen garantías de que ese dinero público va a ser rentabilizado a medio plazo, toda vez que los jóvenes -que son la materia prima- parecen dispuestos a mejorar su nivel formativo.

Las administraciones deben aprovechar por tanto ese interés de los beneficiarios últimos de esas inversiones, si no quieren que la falta de oportunidades degenere en una sociedad adormecida que se limite a esperar en el sillón de casa la concesión de ayudas económicas de carácter finalista.

Determinadas prestaciones resultan imprescindibles cuando no existen ya mejores alternativas para atender las necesidades básicas de un segmento de la población. Sin embargo, siempre se obtendrá una mayor rentabilidad de aquellas inversiones que redunden en la mejora del nivel formativo de la población, toda vez que permitirán que sean los propios jóvenes quienes se conviertan en dueños de su futuro. La sabiduría popular sentenció hace tiempo con bastante acierto que siempre es mejor enseñar a pescar que regalar el pescado.

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viernes, 6 de noviembre de 2009

OTRA AGRICULTURA 5.900 parados agrarios en la comarca de Antequera

Casi 6.000 personas en la comarca de Antequera están afiliadas al Régimen Especial Agrario del Servicio Andaluz de Empleo.

En concreto, son 5.900 las personas que se acogen al desempleo en Régimen Agrario. Los planes estatales como el Plan de Fomento del Empleo Agrario suponen una oportunidad para incorporarse al mercado laboral.

De media hay unas 400 personas en el paro agrario en cada municipio de la provincia de Málaga.

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miércoles, 28 de octubre de 2009

OTRO EMPLEO Izquierda Unida muestra su satisfacción por la creación de una bolsa de trabajo en Aguas del Torcal

Aguas del Torcal aprobó el pasado 6 de octubre el baremo que va a regir la puesta en marcha de una bolsa de trabajo para peones de limpieza, al objeto de cubrir sustituciones en dicha empresa.

El grupo de Izquierda Unida, impulsor de la idea, ha mostrado su satisfacción asegurando que “de esta forma la empresa tendrá un sistema objetivo de contratación laboral”. Una vez publicado en la web del Ayuntamiento, los interesados dispondrán de 20 días para presentar la solicitud en la sede de la empresa situada en La Quinta.

Se recoge como requisito llevar empadronado en Antequera al menos durante un año, y se da prioridad a los demandantes de empleo, colectivos con dificultades de inserción (mayores de 45 años, mujer, discapacitados), familias con hijos a cargo menores de 25 años desempleados, familia monoparental, entre otros casos.

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